Dislexia sin Complejos

jueves, septiembre 15, 2011

Esperanza Manostijeras

Como los acontecimientos mandan y hoy es jueves, hemos adelantado la entrada de este blog. Pese al título, no vamos a hablar de cine porque poco tienen en común la película Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990) y esta otra que se está montando en la Comunidad de Madrid por los anunciados recortes (¿tijeretazos?) en materia de Educación.
La tranquilidad presidió la primera fecha de movilizaciones, este martes pasado, por parte del profesorado que decidió sustituir la anunciada huelga por esa jornada informativa, en nuestra opinión, con buen criterio ya que, como publicábamos la semana pasada, comenzar el curso académico con una huelga resultaba una opción que podía volverse en su contra.
Y mientras tanto, la Presidenta de la Comunidad de Madrid pide la dimisión del Ministro de Educación porque según ella, “Alienta huelgas políticas en lugar de apoyar el derecho a la educación”. Nadie está negando el derecho a la educación que recoge nuestra Constitución, lo que se está debatiendo es entre una Educación mejorable (lo que tenemos) y una educación de mierda (lo que presumiblemente nos espera). Los recortes han comenzado y eso, inevitablemente, se dejará notar en la calidad de la enseñanza. Que estamos en medio de una grave crisis y ello implica ajustes importantes es innegable, pero que la tijera empiece por Educación es, cuando menos suicida. El futuro de nuestra sociedad está en manos de los que ahora están en ese proceso de aprendizaje. Si se lo recortamos ¿qué futuro nos espera? Pero es más, uno de los principales tijeretazos se dará en los Equipos de Orientación que tanto puede afectar a nuestro desfavorecido colectivo de los náufragos del aprendizaje. Y hablamos con conocimiento de causa: ¿qué puede hacer un Equipo de Orientación integrado por una única persona en un Instituto con algo más de 800 alumnos? Este año es más que probable que los que tienen una Dificultad de Aprendizaje no puedan ser detectados, ni evaluados, ni nada de nada. Si hace falta una adaptación curricular, es bastante presumible que no pueda realizarse.
La tijera ha empezado a funcionar y mucho nos tememos que no va a parar. Otra interesante película del mismo director que Eduardo Manostijeras es Pesadilla antes de Navidad (Tim Burton, 1993), en lo que esperemos no acabe convirtiéndose en un patético remake de dicha película lo que está sucediendo en la Comunidad de Madrid y que puede acabar extendiéndose por otras comunidades, por proximidad o por afinidad.



Habíamos preparado un montaje fotográfico de los nuestros para la ocasión, pero como no queremos meternos en líos lo hemos descartado. Al menos nuestra Presidenta ha conseguido algo bueno: unir a padres y maestros en unos objetivos comunes, algo que iba haciendo falta porque la educación es un asunto de todos (José Antonio Marina); aunque de ese todos parecen autoexcluirse los políticos, seres habitualmente ajenos a cualquier realidad social.

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jueves, marzo 24, 2011

¿Por qué dos años?

Siempre nos hemos preguntado el por qué de esos dos años de retraso curricular para un diagnóstico de dislexia… y nunca hemos encontrado una contestación lógica. Esa obsoleta acotación en la definición de dislexia (que por cierto no figura en las definiciones de dislexia más importantes al uso), se encuentra abandonada hace ya mucho tiempo en los diferentes países de nuestro entorno. Pero ya sabemos ¡España es diferente!



En la reciente publicación de la ORDEN de 13 de diciembre de 2010, por la que se regula la atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo en la Comunidad Autónoma de Canarias, leemos en el anexo I referente a las Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA), y en concreto a la dislexia: Un alumno o alumna se identifica con las “Dificultades específicas de aprendizaje en lectura o dislexia” cuando muestra los siguientes indicadores: una competencia curricular en lectura con un retraso de dos cursos, al menos, respecto al nivel que le correspondería por su edad cronológica, además de problemas asociados a la adquisición de la ortografía y al deletreo (...)
Resulta llamativo que la orden remita a los criterios de identificación expuestos en el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (DSM-IV) de la Asociación Americana de Psiquiatría en la última versión que se publique, para los Trastorno generalizados del desarrollo o los Trastornos graves de conducta, y no para las DEA, para las que no hace referencia concreta alguna a los dos años.
¿Por qué dos cursos?
El problema que surge de todo esto es, ¿qué hacemos mientras tanto? ¿esperamos tranquilamente dos años para obtener un diagnóstico? Y si después de esperar tranquilamente, la habilidad del niño/a hace que el retraso sea tan sólo de 1 y ½ curso? ¡Qué cabrón/a de niño/a que nos jode el diagnóstico!
No sé vosotros, pero el símil que se nos ocurre es como si dos niños, echando una carrera, uno normal y otro cojo, al cojo le diéramos una desventaja de medio minuto (o dos, por aquello de los dos cursos). Si se trata de una dificultad, cómo podemos esperar que, después de dos años, además, sea capaz de recuperar el tiempo perdido.
Como procedemos del mundo de la medicina, no podemos entender ese no hacer nada. Vale que la dislexia no es una enfermedad, y nos disgusta el uso de la terminología médica cuando nos referimos a ella. Términos como diagnóstico, tratamiento, trastorno (que no lo es), están tomados del argot médico para referirnos a detección, intervención o desventaja. Sin embargo, utilizamos de la medicina la terminología, pero no el gran sentido común de esta: la prevención.
El problema de todo esto es que muchos profesores necesitan de adaptaciones curriculares no significativas para la atención en el aula de estos niños/as. Pero para ello, necesitan que los equipos de orientación hagan diagnósticos de dislexia a estos chavales. Si el desfase curricular no es de dos años, olvidaros, no hay dislexia. Uno de los argumentos que se barajan habitualmente por los propios equipos de orientación es el de que no se puede poner etiquetas a los niños/as. De esa manera, no se le etiqueta de dislexia, pero en la práctica se le etiqueta de algo peor, de vago o de torpe.
¿Por qué tanto miedo a equivocarnos con un diagnóstico de dislexia que a lo mejor no lo es? ¿Tan grave resulta decir que alguien es disléxico y favorecerse de una intervención aunque luego resulte no serlo? La experiencia nos muestra que es peor no hacer nada.



En su célebre trabajo Evidence That Dyslexia May Represent the Lower Tail of a Normal Distribution of Reading Ability (N Engl J Med 1992; 326:145-150), Shaywitz et al. mostraron como las Dificultades de lectura, incluyendo la dislexia, se producen como parte de un continuo que incluye también la capacidad de lectura normal. La dislexia no es un fenómeno de todo o nada, al igual que la hipertensión, se produce en grados. La variabilidad inherente en el diagnóstico de la dislexia puede cuantificarse y predecirse con el uso de un modelo de distribución normal.
Han transcurrido casi 20 años desde la publicación de este artículo que forma parte del estudio de cohortes del Connecticut Longitudinal Study y en España seguimos aferrándonos a los tristemente famosos dos años de retraso curricular. ¡Qué pena!

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