Dislexia sin Complejos

jueves, septiembre 20, 2012

Cara y cruz de la dislexia

Las siempre agudas e interesantes reflexiones de Manuel en su blog Mi dislexia y yo, en esta ocasión sobre discapacidad y dislexia, nos llevan al terreno, habitualmente más filosófico que científico, acerca de las discrepancias que a veces surgen en torno al concepto de dislexia. Como si se tratase de una moneda, la dislexia tiene una cara y una cruz. Suscribimos punto por punto la reflexión de Manuel por cuanto que no estamos de acuerdo con considerar la dislexia como una discapacidad. Ello no quita que en determinados casos pueda ser un factor discapacitante, pero en cualquier caso, una discapacidad artificial debido a que el lenguaje es un invento humano relativamente reciente teniendo en cuenta el amplio peregrinaje del Homo sapiens sobre la faz de la tierra.
Somos partidarios de una sociedad que actúe correctamente ante cualquier tipo de necesidad o simplemente por atender a la diversidad, antes que aquella en la que la pena del 33% sea lo que mueve el mundo, como bien dice Manuel. En el mundo anglosajón el concepto de discapacidad (disability) en relación a la dislexia está muy extendido, si bien es cierto que tienen una palabra que ha sido incorporada a nuestro diccionario de la RAE que define mejor lo que es la dislexia: handicap. Además de la tentación rentista que puede representar el concepto de discapacidad, el problema, en España, es la relación que conlleva casi implícita de asociar esta a enfermedad, trastorno y otros conceptos médicos que tanto nos chirrían a muchos.
Coincidiendo con la publicación del post de Manuel al que venimos haciendo referencia, encuentro esta otra noticia en la red: Ejercicios de escritura y lectura curan dislexia. Quien ha escrito el artículo no se ha molestado ni quince minutos en buscar información seria y rigurosa sobre la dislexia. Bueno, al menos habla de una alternativa a la Cienciología que curó la dislexia de Tom Cruise. En ese artículo, al cual nos vemos obligados a tener que poner un enlace (ver aquí, aunque no os lo recomiendo), podemos leer: está clasificada (la dislexia) dentro de las enfermedades criptogénicas, es decir, de origen oscuro, puesto que no se ha podido probar si hay una base fisiológica para su aparición o si esta tiene marcado su origen en los genes, o sea, si es hereditaria. Nosotros, cuando nos hemos referido en alguna ocasión al lado oscuro de la dislexia, lo hemos hecho en otro contexto, el de las temibles consecuencias a las que puede conducir. Aunque es bastante cierto que aún nos falta mucho para entender y comprender todo lo que sucede en el cerebro disléxico, hablar de enfermedad, y además de enfermedad criptogenética, es realmente patético. Como lo es el párrafo siguiente: La persona con dislexia confunde las letras tanto al escribir como al leer, lo que es conocido en psicología como interacción de espejo. Da la impresión de que el autor o autora (no está firmado el artículo) ha oído campanas y no sabe dónde.
Siempre que nos referimos a la dislexia hay una cara y una cruz. Hemos dicho muchas veces que no estamos en posesión de la verdad absoluta y que, presumiblemente, en muchas de las opiniones que vertemos en este blog, estemos equivocados, pero de lo que podemos hacer gala es de que siempre distinguimos entre una verdad científica contrastada y una opinión o reflexión nuestra cuestionable.


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jueves, octubre 01, 2009

El cerebro plástico

Con el título de este post, el cerebro plástico (que no de plástico) queremos hacer referencia a una de las funciones más extraordinarias del cerebro: su plasticidad. La plasticidad es la capacidad del cerebro para remodelar las conexiones entre sus neuronas. Se encuentra en la base de los procesos de la memoria y del aprendizaje, pero a veces también interviene para compensar funcionalmente los efectos de las lesiones cerebrales estableciendo nuevas redes neuronales. Estas modificaciones locales de la estructura funcional del cerebro dependen del entorno, de los estímulos que le llegan del exterior y le permiten adaptarse de forma rápida y dinámica.
La plasticidad cerebral es una de las ventajas más importantes en el proceso evolutivo del Homo sapiens. A diferencia del lenguaje verbal para el que el cerebro humano se encuentra perfectamente diseñado, excepto en los casos del denominado trastorno específico del lenguaje (TEL) o specific language impairment (SLI) en inglés y del que sabemos realmente bastante poco, el lenguaje escrito surgió como consecuencia de la gran plasticidad del cerebro. La capacidad de establecer redes neuronales, circuitos que ponen en contacto áreas cerebrales situadas a distancia, es lo que facilitó el surgimiento de la lecto-escritura.



Como dice Maryanne Wolf en su libro Proust y el Calamar, al que hacíamos referencia hace ahora justo un año: nosotros no nacimos para leer. Es un milagro que los humanos puedan hacerlo. Los disléxicos, en la mayor parte de los casos, acaban consiguiendo una suficiente fluidez en la lecto-escritura que les permite la supervivencia en un mundo dominado por las letras y las palabras escritas. Y ello es posible gracias a la plasticidad cerebral, a la capacidad del cerebro de sortear los obstáculos que presenta el cerebro disléxico para el aprendizaje de la lecto-escritura. Pero la plasticidad es una cualidad que surge como consecuencia de la repetición una y otra vez del estímulo, de la insistencia y la perseverancia, de ahí que digamos que a leer se aprende leyendo, que no es lo mismo que a aprender se aprende leyendo, como no es lo mismo el cerebro plástico que el cerebro de plástico.

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jueves, septiembre 24, 2009

Adán y Eva ¿fueron disléxicos?

Cuando el monje agustino Gregor Johan Mendel estableció las leyes que llevan su nombre relativas a la transmisión de las características de los organismos de padres a hijos, no podía imaginar que con sus estudios con los guisantes estaba creando una nueva disciplina científica: la genética. La genética es una de las áreas del conocimiento humano sobre la que más se investiga; al fin y al cabo, es la genética la que puede orientarnos acerca de las cuestiones filosóficas típicas: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos?
Las células eucarióticas tienen unas estructuras denominadas mitocondrias en las que se encuentra un material genético característico, el ADN mitocondrial, descubierto por Nass y Nass en 1963. Lo que nos interesa en este post es el hecho de que las mitocondrias de las células de cualquier ser humano son heredadas del óvulo materno sin que el espermatozoide contribuya para nada. El rastreo de ese ADN mitocondrial nos llevaría, en un viaje en el tiempo hacia atrás, a nuestro primer ancestro femenino: Eva. Según la genética, que en gran medida ha confirmado las teorías proporcionadas por los registros fósiles, Eva vivió en África hace unos 160.000 ó 200.000 años. El estudio de los haplogrupos del ADN mitocondrial, también llamado EVA mitocondrial, y su evolución ha permitido establecer las diferentes migraciones que el Homo sapiens llevó a cabo desde África extendiéndose por el resto del mundo. Pero hay más, de la misma forma que el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente de la madre, el cromosoma Y, que es el que determina el sexo masculino, se hereda de forma exclusiva por vía paterna. El rastreo genético del cromosoma Y ha permitido llegar igualmente al primer ancestro masculino del Homo sapiens: Adán, que vivió también en África pero hace unos 60.000 años. La aparente paradoja de ese desfase de unos 100.000 años, en el mejor de los casos, entre Adán y Eva, no deja de ser una anécdota curiosa. El rastreo del cromosoma Y lo que indica es que todos los varones actuales son descendientes directos de aquel Adán de hace 60.000 años que impuso su carga genética al resto de la Humanidad. Lo que sí parece cierto es que primero fue Eva y después surgió Adán. Lejos de entrar en polémicas bíblicas, lo cierto es que en tiempos de Moisés todo esto se desconocía y lo lógico es que la Biblia fuese escrita en base al conocimiento de la época.
Lo interesante de los estudios de los diferentes haplogrupos, tanto del cromosoma Y como del ADN mitocondrial, es que han permitido rastrear la forma por la que el Homo sapiens colonizó la tierra y desplazó al hombre de Neandertal, con el que convivió 13.000 años o más, hasta su extinción hace 27.000 años. Bueno ¿y todo esto qué tiene que ver con la dislexia? Mucho, el rastreo de las migraciones, cómo se fueron mezclando las diferentes tribus y demás, permite establecer a los genetistas momentos interesantes de la evolución humana. Por ejemplo, recientemente hemos podido leer las conclusiones de un estudio por las que los ojos azules en el ser humano surgieron hace unos 10.000 años. ¿Y la dislexia? Probablemente ni Adán ni Eva fueron disléxicos, al menos Eva no lo fue o no tenemos medios para saberlo ya que el ADN mitocondrial no tiene ninguna relación con la dislexia. Pero la dislexia, los genes relacionados con su compleja transmisión genética, al menos algunos de ellos entre los que conocemos y probablemente alguno más que todavía desconocemos, debieron surgir ya en África, previamente a su difusión por todo el planeta, y antes de que se diferenciaran las actuales razas puesto que la dislexia se puede detectar en todas las culturas en las que existe un lenguaje escrito. Es probable que esto ocurriese hace 40.000 años habiendo convivido el Homo sapiens dislexicus tranquilamente con sus congéneres hasta el nacimiento del lenguaje escrito hace unos 4.500 años. No obstante, un inicio tan temprano de la dislexia debería coincidir, probablemente, con una frecuencia actual de ésta mucho mayor de la que realmente es. Un inicio más tardío difícilmente podría explicar lo que podríamos llamar una distribución universal de la dislexia propia de todas las razas y culturas en las que se ha estudiado. A falta de estudios genéticos más avanzados o más completos por el momento, nos quedamos con la primera hipótesis, concluyendo que, pese a todo, la dislexia no debió suponer ninguna ventaja adaptativa en el curso migratorio del Homo sapiens por toda la faz de la tierra.





Una guía en Atapuerca muestra una reproducción del cráneo de Miguelón , un Homo heidelbergensis (antecesor del hombre de Neandertal), que vivió hace unos 400.000 años y que nada tuvo que ver con la dislexia.

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