Todo lo que usted quería saber sobre dislexia pero temía preguntar
Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación (Mark Twain)
Teníamos pendiente esta entrada desde que la anunciamos hace algo más de dos años. Son muchas las preguntas que surgen en torno a la dislexia, las cuales hemos ido tratando a lo largo de la vida de este blog y en el libro El reto de la dislexia publicado en el 2012.
Evidentemente no. Frente a la dislexia y demás dificultades de aprendizaje, se encontrarían lo que podría denominarse pseudodislexias, es decir, manifestaciones similares a las de un sujeto con dislexia pero debidas a causas que nada tienen que ver con la dislexia. Este es el origen de muchas corrientes críticas que cuestionan la dislexia. En la entrada anterior anunciábamos el libro que se ha publicado este mismo mes, The Dyslexia Debate, en el cual Julian Elliot y Elena Grigorenko cuestionan la validez del término dislexia por la gran cantidad de definiciones existentes que hay.
Una de las entradas más bonitas de este blog es El pelotón de los lentos en la cual abordábamos lo que suele ocurrir en ese grupo tan heterogéneo que integran todos aquellos alumnos en el aula que presentan una pobre fluidez lectora.
4.- ¿Cuál es la prevalencia de la dislexia?
Estamos acostumbrados a manejar cifras tan dispares de la prevalencia de la dislexia tales como entre un 4 y un 17% (incluso un 20% según la IDA (Asociación Internacional de Dislexia). ¿Cómo puede haber tanta diferencia de unos estudios a otros? Parece bastante evidente que depende de la definición de dislexia que usemos y hay que tener en cuenta que hay muchas, una treintena. Según que las definciones acoten más o menos la condición de dificultad para la lectura, obtendríamos una mayor o menor prevalencia. Uno de los trabajos más serios sobre prevalencia de la dislexia mejor realizados fue el de Tim Miles y colaboradores hace ya algunos años y al que dedicamos en su momento una entrada en este blog. En aquél trabajo sobre un seguimiento de 12.905 niños en Inglaterra, Gales y Escocia, obtuvieron una prevalencia del 9% entre casos graves, diferentes variantes y casos marginales, y todo ello en una lengua, como es el inglés, nada transparente.
Parece bastante indudable que depende del ámbito en el que nos manejemos y que solemos representar con la siguiente imagen
5.- ¿Se hereda la dislexia?
Descartadas las dislexias adquiridas, esto es, aquellas que se producen en el contexto de un daño cerebral en la etapa adulta y en las cuales la dislexia sería el problema menor, la dislexia es siempre congénita, lo que indica que se adquiere durante la vida intrauterina o perinatal, bien por una causa genética u otras causas físicas, químicas o quizás también biológicas (infecciones , por ejemplo). La diferencia fundamental estaría en que si la causa es genética, esta sería transmisible a los hijos, mientras que si es “adquirida” durante la etapa intrauterina por la acción de factores físicos o químicos, el sujeto manifestaría las características de la dislexia pero no las transmitiría, a priori, a la siguiente generación.
Existe abundante información y muy serios estudios genéticos que hacen que resulte incuestionable, a día de hoy, el origen genético de la dislexia. El tema lo hemos tratado en diferentes ocasiones, pero os recominedo Adán y Eva ¿fueron disléxicos?
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